Comprar o no comprar

El lunes fui a Lleida a comprarme unos zapatos, hacía mucho frío y además como es normal en esa ciudad la niebla no dejaba que las temperaturas subieran. Encontré un par de modelos que me gustaban bastante, pero no tenían mi número.

A toda costa quería comprarme unos zapatos o unas botas pero no encontraba nada que realmente me enamorara. Mi pareja que me conoce muy bien me dijo: – Vale ahora que al mediodía cierran las tiendas vamos a tomar un vermut de la casa a El Bodegón (en Rambla Ferran) y después a comer algo para calentarnos y recuperar fuerzas.

Buena decisión! pero eso no cambiaba las cosas, quería unos zapatos nuevos, los quería, los quería y los quería!!!

La tiendas estaban a punto de cerrar y en mi desesperación por encontrarlos estaba con mi tarjeta en la mano para pagar unos zapatos que en realidad no eran para mí.  Me disculpé con la dependienta y no me los quedé.

Con esto no quiero decir que en Lleida no hayan buenas tiendas de zapatos, porque a pesar de que no hay muchas las hay. La razón es que conmigo no funciona la auto-obligación de comprar.

Probaré otro día.

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